La respuesta estupida del año Noviembre 1, 2006
Posted by breavman in Allí estuve yo.trackback
Estimado C.:
Perdona que te conteste en forma de post y tire del hilo de tu pregunta para rellenar los huecos de mi creatividad.
Hablando con una amiga griega de Fernanda, nos dijo un poco enfadada: “No digas Estambul, esa ciudad se llama Constantinopolis.”
Así que en honor a Hara te diré que mis primeras impresiones cuando llegue a Constantinopolis fueron digitales. Me las tomaron en el aeropuerto (plagio descarado homenaje a Les Luthiers.)
Ahora en serio. Llegue de noche en pleno atasco de Ramadan, con miles de turcos deseando volver a casa para comer algo tras largas horas de ayuno. El bósforo entero se había levantado y se estaba vertiendo sobre mi cabeza (llovía.) Me metí en un taksi, pero nadie conocía ni la dirección ni el hotel al que iba. Me entendía con el conductor en ingles if, if between; español macarrónico y turco fundamental (yok = no, evet= si)
En resumen, mi primera impresión fue de acojono.
Después, a la luz del día, un poco más resuelto y sabiendo donde estaba en un mapa y con una idea aproximada de donde quería ir me pareció increíble en el sentido literal de la palabra. La mezcolanza cultural me conmocionaba, el anacronismo temporal me hacía sentir como un Marty Mcfly que regresa al futuro-pasado-presente. Mientras en una esquina vendían sanguijuelas con fines curativos, en un puesto de especias tenían un portatil VAIO para llevar las cuentas. No me abandonó en todo el viaje un sobrecogiemiento, un leve temor estimulante, de que en cualquier momento alguien se volvería señalándome y gritaría: “¡acabemos con el infiel!”
Estambul tenía un punto artificial, inventado, de ciudad que de tanto imaginarse se ha recreado a sí misma. Es una ciudad para contarla, pero que uno siente como si la hubieran puesto allí para la ocasión y la recogieran en cuanto te vas. No parece posible que todos esos millones de habitantes vivan vidas de verdad en ese escenario barroco y hermoso




Creo que los mitómanos como tú, como yo, como tantos, no somos capaces de disfrutar al 100% de un lugar sin un background literario y cinematográfico a cuestas (lo que me recuerda a cierto proyecto que tenemos durmiendo…
Estuve en Praga hace unos años. De aquella preciosa ciudad sólo logro recordar que cuando pasamos la frontera de Alemania en tren de repente el vagón envejeció y se convirtió en uno antiguo de madera. La puerta del compartimento se abrió de golpe y un oficial checo lleno de medallas y galones apareció con un enorme dobermann pujando por soltarse de su correa. Terrorificamente seco dijo: “Passport Kontrol!”.
Igual no fue así, pero así lo recuerdo yo.
¿Constantinópolis?
Vaya.
Y yo que creía que ese era el verdadero nombre de Cuenca…
¿Será Cuenca, entonces, el verdadero nombre de Estambul?
¿Vistes tú las casas colgantes de Estambul? Yo no. ¿Por qué se las habrán llevado? Y lo más importante: ¿a dónde?
Creo que deberíamos empezar a buscar por Constantinópolis, amigo, esa ciudad a un par de horas en coche de Zimbabwe, a la que otros tienen el despropósito de llamar Madrid.
Mil abrazos para el infiel perseguido.
Me ha resultado una visita emocionante. Y ahora voy a conmocionarme con esos Les Luthiers que he visto por allá arriba.
Un saludo